Alejandro Guevara Arroyo
Me he enterado de que se ha presentado, ante el Concejo Municipal del cantón de Tibás, una moción de la regidora Lizzet Rodríguez para oponerse a los planes de educación sexual y afectiva promovidos por el Ministerio de Educación Pública del Gobierno de Costa Rica. Vivo en este cantón desde hace muchos años y me preocupa enormemente esta propuesta. A continuación, les expreso algunos argumentos en favor de rechazar esta deplorable moción.
Hechos:
En Costa Rica existen graves problemas de embarazo adolescente e infantil y de agresiones sexuales contra jóvenes y entre jóvenes. Lo mismo es cierto con respecto a la presencia de infecciones de transmisión sexual entre la población menor de edad. Esto causa sufrimiento en las personas, así como graves problemas sociales. Es de suponer, además, que estos problemas se extienden a la vida adulta de las personas. En efecto, no son pocos los casos de embarazos no deseados y de violencia sexual entre adultos. Todo esto afecta en especial a los grupos económicamente más vulnerables de nuestra población. Tras siglos de educación religiosa, estos problemas persisten.
Hay personas que sufren agresiones constantes y violencia en su vida, lo que afecta su desarrollo psicológico y -a la postre- la forma en que se relacionan con otras personas. Sufren estas agresiones muchas veces desde edades tempranas, lo que les genera traumas luego difícilmente reparables. Todo esto lo sufren por cualquier variación o manifestación de diversidad en su comportamiento afectivo o en la forma en la que se presentan ante la sociedad.
Las ciencias nos permiten entender que la sexualidad es una parte constante y relevante de la vida humana. También nos llaman la atención sobre la existencia de una diversidad de orientaciones, identidades y formas de vivir la afectividad. Por lo demás, es mejor trabajar científicamente para evitar algunos problemas que surgen en relación con estas realidades.
Estos hechos suceden en nuestro país y en nuestro cantón. Además, son problemas sociales que deberían preocupar a cualquiera que incluya un gramo de humanismo y de compasión en su ética personal.
La educación pública puede contribuir a disminuir estos problemas sociales, pero para ello debe fundarse en la ciencia, en la comprensión empática y en el humanismo. Es imprescindible que nuestra educación pública no parta de concepciones de la sociedad y del ser humano propias de una vida tribalista, dirigidas a odiar la sexualidad y lo diferente.
En muchos ámbitos, la moral cristiana ha contribuido profundamente al mejoramiento de las condiciones de vida de la humanidad. Sin embargo, uno de los ámbitos en los que ha hecho un gran daño es el de la educación sexual y afectiva. Lamentablemente, ciertas tradiciones de la moral cristiana conservaron algunas normas e ideas morales creadas hace miles de años, cuando diversas comunidades humanas se organizaban en sociedades tribales y pastoriles, y las combinaron con corrientes filosóficas que desconfiaban del cuerpo, la sexualidad, la afectividad y la diferencia. Por lo demás, siglos de predominio de una educación sexual de inspiración cristiana no han sido suficientes para que progresemos hacia formas de relación sexual sin violencia y con mayor cariño. Tampoco han logrado impedir la persistencia de los embarazos no deseados, de la violencia sexual y de la expansión de infecciones de transmisión sexual: todos, problemas especialmente sufridos por las clases socioeconómicamente más vulnerables de nuestra población. Por ello, es indeseable que la educación pública y civil de una sociedad contemporánea, globalizada y plural, en la que participan millones de personas, parta exclusivamente de aquella concepción moral.
En fin: es hora de permitir la evolución de la educación sexual y afectiva hacia una formación fundada en una visión más realista, comprensiva, humanista y científica, que permita a las personas decidir sensatamente cómo llevar su vida sexual, contribuya a prevenir la violencia y promueva una vida más pacífica. Ante todo, debemos alejarnos de visiones de la educación que parten del odio, del oscurantismo y del miedo.
Mejorar las condiciones de vida de las personas es lo que buscan las guías de educación sexual y afectiva promovidas por el Gobierno de la República de Costa Rica. Pido al Concejo Municipal de Tibás que no caiga en el error que supone aprobar esta moción. Contribuyamos a construir un mejor futuro mediante una educación sexual y afectiva humanista y científica.
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